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Travesía al amor.

  • Laura Castaño Agudelo
  • 11 dic 2018
  • 2 Min. de lectura

Esta noche todos mis sentimientos se enlazan, simplemente no logro describir aquella incomodidad que me inquieta. Puedo tomar el camino de la inconformidad frente a las situaciones que mi corazón rechaza. Mi mente, mi alma, son jurados con voto en contra a ésto. Demuestran su razón, astutamente, pues nadie más comprende el porqué.

Esta noche la oscuridad es parte de mí y yo pertenezco a ella. Aquí habito. Entré sin darme cuenta y aún no encuentro tan anhelada salida. Quiero destruir todo, no ser más parte de este intrépido mundo. No lo merezco. Mis constantes crisis existenciales lo demuestran.

Ahora lo único que puedo hacer es sentarme y callar. Como si una avalancha de palabras quisiera destruir todo a su paso, pero es impedido por un muro de hierro indestructible.

Sí, un impedimento que transmite impotencia, y así, un nudo literario se compacta cada vez más. No existe poder terrenal que pueda desatarlo. Tal vez sólo una fuerza mágica podría, pero aquella sólo existe en lo más recóndito e imposible de alcanzar.

Imposibilidad, sí. Ese es el resumen de este caos, pues, por más de que intente llegar al desenlace, no lo consigo.

¿Y qué queda? Confiar en grande. En lo más inmenso del planeta, el fiel guardián a la creación. Sólo él hace posible lo imposible. Pero aunque ese sea el siguiente paso, no logro remediar el comienzo abrupto. Sin una cura a esta llaga no se puede continuar.

Un tsunami con furia quiere destruir. Hacer escombros aquel interno palacio. Nadie lo puede impedir, pues se encuentra sólo dentro de mí.

El único bloqueo es aquel concebido por mí misma. Sólo yo tengo el control de todo.

Pero en realidad no sé qué sentir, qué pensar, mucho menos cómo actuar.

"Indecisión plena", la nueva función dentro mi corazón.

Mi mayor necesidad será hoy alguien. Un ser mágico, compasivo y majestuoso, quien guíe mis instintos positivamente y a la vez comprenda mis angustias.

Pero ya es muy tarde y es inevitable: el agua con furia salió de su domicilio y quiere llevarse todo a su paso. Permito su salida, pero inesperadamente retorna a su lugar de origen como si se hubiese arrepentido. Señal de suerte, lo mejor para mi destino.

Ahora sólo queda descansar en la soledad. Aquella fue mi decisión, debo asumirla.

Gracias doy por mi complexión que, como con vida propia, sólo se mueve al son de mis pensamientos.

Un par de ilustradores de sueños. Mágicamente perfecto diseño. Pero este par de mágica arquitectura lo es todo en mi cuerpo. Me recuerdan aquellos talentos que en él habitan. -"Son impresionantes", habla mi mente. Sólo perfección. Aquel sustantivo es lo que me patrocina. Todos mis componentes lo son.

Tal vez es hora de la reconciliación. El reloj marca el tiempo del amor. Por los aires llega sigilosamente el mensaje importante de no dejarlo ir. "Aprovéchalo al máximo". Sí, lo descifré.

Ahora me levanto y retorno a lo que un día fue más importante. Aquello primordial e inseparable. Vuelve la antigua dicha cálida con este sentimiento.

El amor. Sólo eso vale. Es lo único que importará hasta el fin de mis días respaldado del ya y el ahora.


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